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2. Cape Epic: Antes del Cape Epic…

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Subirse al plan del Cape Epic fue fácil, cuestión de sacrificar casi todo lo demás en la vida, y decir me voy a la carrera de ciclismo de montaña más jodida y respetada del mundo: algo incomprensible para la mayoría.

Tomó casi tres años finalmente decidirse, con gotas de sudor en la frente porque el precio no dejó de subir en cada nueva edición.

¿Y pagar tanto para ir a sufrir? Habrá otras formas más interesantes de gastarse la plata, se podrá pensar. Nosotros, obviamente, creemos lo contrario.

Además, deben ser pocas las personas que antes de morir, dirán, pero corrí un Cape Epic, o dos, o tres, o incluso traté…

Es que todo esto parte de una chispa de afición, que luego se convierte en supuesto pasatiempo, y termina siendo una disciplina con tintes de vicio.

Nos defendemos diciendo que es una forma de vida. Y no tan cara como la hípica o las motos.

La verdad es que hay algo en el ciclismo, un no-sé-qué, tan fuerte que de pronto vuelves a ser un niño, pero esta vez sin límites y con la fuerza, la libertad, y el cerebro (a veces) de un adulto, y te descubres flotando, veloz, con el viento que te seca el sudor, con los rayos de sol del amanecer, o la lluvia en la cara, y entonces, en mitad de una bajada, de una subida, del pelotón, o en soledad, te sobrecoge un latigazo de satisfacción, de no querer que ese instante termine nunca.

Eso debe ser lo que a los ciclistas nos hace ciclistas, y nos provoca buscar otra vez la sensación al siguiente día, y nos invita a pensar en la posibilidad de subir esa cuesta más rápido, o coronar aquel puerto de montaña.

En modo de civil, reparas en la presencia de los espaldones de las vías, los caminos alejados, la trocha en un bosque, parajes entre montañas, y piensas, qué genial sería pedalear ahí. Y al poco rato te sorprendes rodando sobre esos sitios.

Es que todo empieza a antojarse mejor con la idea de una bici bajo las piernas. Las grandes vueltas del ciclismo de carretera se interponen en el algoritmo de tus pantallas y conversaciones, igual las clásicas de Europa, los campeonatos mundiales de cross country olímpico, de enduro, de downhill, el RedBull Rampage, las válidas de cyclo cross.

También, un buen día, tarde o temprano, descubres que en Sudáfrica existe una carrera de ciclismo de montaña de ocho etapas seguidas llamado Cape Epic, donde compiten los mejores ciclistas del mundo, incluidos veteranos de World Tour que generalmente suelen probar sus habilidades técnicas ahí. Y que, al inicio piensas, esa carrera es prácticamente imposible ir.

Las postales de la competencia incluyen la imagen de un pelotón entre viñedos con una gran nube de polvo levantándose atrás y un helicóptero sobrevolando encima.

SPORTOGRAF

Luego los rostros, como mapaches, envueltos en lodo, con los círculos de las gafas dibujados alrededor de un par de ojos agotados y brillantes. Los baños en tinas de hielo de los profesionales. La demanda de sombra para guarecerse del sol. El llanto de hombres y mujeres que han roto sus propios límites.

Te imaginas entonces pedaleando bajo ese helicóptero, sobre los senderos más salvajes y respetados del mundo, viendo de lejos a los héroes del ciclismo mundial sufrir también ese mismo terreno, bajo esa misma lluvia o polvareda.

Lo cierto, es que el ciclismo es un deporte con emociones inversamente proporcionales y extremas. De un rato a otro puedes pasar de la euforia a la agonía. Y el Cape Epic es reconocido por no dejar ni un milímetro de compasión. Según los propios corredores, es el Tour de Francia del ciclismo de montaña. Los organizadores la venden como el pináculo de las competencias por etapas del mundo.

El asunto es que te das cuenta que como mortal y aficionado, resulta que sí es posible inscribirte a una lotería de cupos y sumarte a esa competencia.

Y un día durante la pandemia, a Martín D., un buen amigo, se le ocurre la idea de probar suerte, y le propone a otro buen amigo, Neto N., y él me llama y dice, vamos al Cape Epic. Y yo le digo, medio en broma medio enserio, bueno.

¡Y, sin imaginarlo, nos sale el cupo!

Sin embargo, el plan se posterga, un año, dos años, tres años…

Da la sensación que el Cape Epic no se dará, y en parte genera alivio, hasta que una mañana, otro buen amigo, Diego R., surge entre la neblina de los senderos de Lumbisí, y dice que estaba pensando en llamarme para proponer inscribirnos en alguna carrera.

Diego R. fue mi partner en el Swiss Epic.

Yo le respondo que hay una por Riobamba de dos días que se ve buena.

Él se ríe.

Sí, sí, puede ser, contesta.

Al siguiente día crea un grupo de Whastapp llamado Cape Epic 2024.

El pulso sube ligeramente. Una sensación de corriente en los brazos. Hago cálculos. No lo veo posible. Abandono el grupo. No es mi momento. Sin embargo, luego de unos tres meses, la opción de ir (que ha quedado rondando mi cabeza) se vuelve a aperturar.

Pero primero lo primero: la conversa con la esposa. Ella sabe lo que significa. No es una aventura solitaria.Y sin ella, sin su consentimiento no sería posible. Para lograrlo necesitaré su apoyo. Jornadas de ausencia de la casa, durante madrugadas, desayunos, y también fines de semana hasta pasado el mediodía, sobre todo los fines de semana.  Mi hija preguntando cuándo volveré a cocinarle los domingos. El pecho sobrecogido. Expresiones de cansancio, nerviosismo, tablas de entrenamiento, suplementos de toda índole en el desayuno.

Mi esposa acepta el reto.

Mi partner de carrera, mientras tanto, llega de forma natural. Nacho A., criado hasta los 17 años en su hacienda de Otavalo, emprendedor hasta la médula, asoma durante las madrugadas en los senderos del barrio, se adjunta a los planes, pedalea con garra, baja sin miedo las zonas técnicas, madruga a entrenar sin problema, es disciplinado, y una gran persona; el tipo de compañero que uno quiere en una carrera así.

Vamos al cape, le digo una mañana.

Más tarde, ese mismo día me pregunta si fue enserio la propuesta.

Me pide unos días para meditar y hacer cálculos. Luego dice que sí.

La delegación ecuatoriana crece, quizás a la más grande en la historia del Cape Epic. Como la Vuelta al Cotopaxi, pero en Sudáfrica, bromean algunos. El sueño de millones de ciclistas de montaña del mundo.

Y medio año antes empezamos a entrenar con ese objetivo en mente. Entrenamos la cabeza. Entre 18 a 20 horas semanales. Los conocidos no comprenden lo que hacemos, y los que sí, expresan frases como la que escribió una amiga argentina: por la pura gana de pasarla como el orto.

Pero nosotros nos ilusionamos con la posibilidad de esa aventura. Calzamos a presión la agenda del Cape Epic dentro de nuestras vidas. Y de pronto se convierte en el elefante dentro del cuarto. Logramos atender asuntos de trabajo, de la familia, sociales. Pero siempre hay un tintineo constante que sisea en el oreja: cape epic, cape epic, cape epic….

Hacemos esfuerzos para dejar la menor cantidad de posibilidades al azar. Usamos todas las herramientas a disposición para la salud física y mental. Homeopatía, meditaciones, nutricionistas, cardiólogo, deportólogo, entrenador.

La logística, además, obliga a anticipar todo tipo de detalles: será que mi bici está bien, qué llantas debo usar, la maleta de la bici me prestan o compro, qué tipo de transmisión será la correcta, deberé colocarme guantes de dedos completos o no, tendré ropa para ocho días seguidos de ciclismo, si se me rompe un zapato durante la carrera qué hago, qué herramientas cargo, cuánto líquido debo llevar, una botella, dos botellas, una mochila hidratante, y la comida, 60 gr de carbohidrato por hora, o 80, o 100. De electrolitos, unos 600 mg de sodio por hora, más algo así de potasio, y el corazón, será que aguanta tanto, visita a cardiólogo, y mis piernas, y la molestia en la espalda, visita a fisioterapia, hay que llevar bolsa de dormir, audífonos, recuperantes energéticos, contratar masajes o automasajearse… es todo una empresa la que toca organizar para poder irse al Cape Epic.

La pregunta es, hasta qué punto seremos capaces de enfrentar y superar lo que se nos ponga en el camino. Luego empiezas a generar consciencia de a qué te metiste cuando te encuentras con amigos ciclistas, quienes al enterarse de la participación, antes siquiera de haber empezado, te felicitan. Y entonces, te preguntas: ¿en qué carajos me metí?


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2 respuestas a “2. Cape Epic: Antes del Cape Epic…”

  1. Avatar de generouslychief1657957b41
    generouslychief1657957b41

    Haces vivir lo que escribes!!! tienes esa gran habilidad… me encanta, quisiera que no se acabara nunca tu relato… que pena, si tiene un fin!!!

    Gracias por estas viviencias que se hacen como propias…

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  2. Avatar de Luzu

    increíble relato chivito

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