No soy de los competidores que dicen vamos suavito, a disfrutar de los paisajes, y aunque varias veces me he engañado con ese pensamiento, en el momento del disparo de partida, un gen misterioso siempre se activa y hace que en el cuerpo estalle una revolución con el único objetivo de dejarlo todo en la pista. Y para mi suerte, o quizás perdición, así también resultó ser D. Reyes, mi equipo para el Swiss Epic.

En el 2019, con Reyes nos encontramos de contrincantes en Breck Epic, otra carrera por etapas en Colorado. Literalmente nos cruzábamos a cada rato , y a veces me ganaba él y otras yo. Así que nos propusimos competir en el Swiss Epic.
Era mi tercera carrera de etapas fuera del Ecuador. La Swiss Epic es organizada por la marca Epic Series, quienes se dedican a realizar desafíos de ese estilo por todo el mundo, siendo su icono más representativo, una en Sudáfrica llamada Cape Epic. La Swiss Epic es la segunda más dura de los Epic Series. Hace un par de años, fueron comprados por la marca Ironman, así que la organización resulta impecable por el nivel de detalle.
El formato de la carrera: una hora de inicio y una hora máxima de fin. Si no superas la hora de cierre, te descalifican. Puedes correr la etapa del siguiente día, pero ya no sumas tiempos. Además, es obligación competir en pareja, y no puedes separarte más de dos minutos uno de otro. A diferencia de las otras dos que había corrido (Breck Epic, y BC Bike Race), que ofrecían una diversa gama de opciones de categorías según el nivel físico, esta se limitó a una sola categoría: hombres. Y ahí se incorporaban veintisiete equipos profesionales. La Swiss Epic está acreditada por la UCI, y da puntos de calificación a los ganadores, además de premios económicos. Había que ser realistas, eso negaba cualquier posibilidad de podio, y también la volvía una carrera más seria.
Uno de mis objetivos es evitar a toda costa una descompensación de energía, porque sé que ese tipo de situación es todo lo que cualquier deportista evita a toda costa. Se trata de un desbalance químico, físico, y que se repercute de forma inmediata en la cabeza, como una depresión. Ya me había pasado, es un infierno que no deseo a nadie.
Así que varios meses antes de la carrera comienzo a entrenar unas catorce horas semanales, aunque de la bici, por así decirlo, no me he bajado de forma disciplinada desde hace ocho años. Contrato a un excelente entrenador, contrato una nutricionista, equipo mi bicicleta con dispositivos que leen la potencia de mis piernas. Llego a conocer mis datos al detalle. Zonas de ritmo cardíaco. Fuerza de piernas medida en vatios. Vo2max. FTP. Gasto calórico, y que si no quiero experimentar de nuevo ese tipo de bajones, debo aprender a comer más. Por contextura delgada tengo un metabolismo súper rápido, lo que hace que queme mucha energía incluso en reposo. A ritmo de carrera ni se diga, por lo que si no como bien, mis reservas de glucógeno, la gasolina, se acaban rápido. La nutricionista me pone a comer como nunca antes lo he hecho en mi vida, con el objetivo de subir cuatro kilogramos de músculo en tres meses y así ampliar mi tanque para no fundir máquina. Subo los cuatro kilos.
Al mes de la carrera llega un correo con la ruta de la edición. Cada año trazan una nueva. Lo positivo es que no dormiremos en carpas, sino en hoteles, todo a cargo de la organización. Sin embargo, trago saliva cuando abro el link de las rutas y veo que la suma de las subidas es descabellado.
Las altimetrías del Swiss Epic se presentan así: Día uno, 58 km y 2380 metros de subida. Día 2, 80 km y 2600 metros de subida. Día 3, 60 km y 2300 metros de subida. Día 4, 100km y 2800 metros de subida. Día 5, 56 km y 1800 metros de subida.
Para darnos una idea, de Tumbaco a la punta del Ilaló hay 800 metros de subida. El día cuatro será equivalente a subirse cuatro veces el Ilaló, después de tres días seguidos de haber recorrido doscientos kilómetros y nueve Ilalós.
Un amigo que ya ha corrido el Swiss Epic, me tranquiliza diciendo que a veces, por temas de marketing, inflan un poco las altimetrías, pero que en realidad deben ser menos.
Además de Reyes, cuatro amigos más se juntan al plan. Martín, Andy, Neto y Guchis. Dos de ellos, llegan primeros a Arosa, el pueblo alpino donde arrancará la carrera. Mandan un vídeo desde el tren, y escriben: las subidas acá son unas paredes, nos fregamos.
Con ellos ya hemos compartido algunas experiencias sobre las dos ruedas. Sin embargo, la que estamos por vivir, sin dudas involucrará un nuevo nivel de complicidad. Solo ellos comprenderán los sentimientos, euforias, y fortaleza que se requiere para salir triunfantes de ese sitio. Para los que no somos profesionales, en ese tipo de vivencias existen dos opciones: o el lazo de amistad se estrecha o se rompe.
Para llegar a Arosa, debemos tomar un tren en Zurich, hasta Chur, y ahí un tipo tranvía que atraviesa las montañas y unos puentes de alturas vertiginosas hasta Arosa. Casi tres horas desde Zurich. Graubunden resulta ser un cantón alucinante. No se contemplan grandes montañas como en Ecuador, sino más bien cientos de estribaciones y acantilados, repleto de bosques de pino, abetos, y ese pasto brillante que recrea la postal Suiza. Pero lo más hermoso es que gozan de una ley que hace de uso público todos los caminos y senderos del territorio.

De este cantón es Nino Shurter, el mejor ciclista de montaña del mundo, campeón mundial durante diez años. El GOAT (Greatest of All Time) del ciclismo de montaña. Y al estar en sus tierras, apreciando los 500km de senderos que presumen tener, y todas las instalaciones y facilidades, uno se da cuenta por qué, en general, los suizos son tan hábiles en los caminos más agrestes. Otra referente del ciclismo Suizo, es Jolanda Neff.
Para aclimatarnos, llegamos tres días antes de la carrera, y podemos pedalear por esos caminos. Los pueblos se conectan unos con otros a través de esa red de senderos y de sus góndolas que atraviesan las montañas de picos a picos. Da la sensación que ninguna comuna indígena o proyecto privado o público, se interpone a los senderos o cierra los senderos con árboles caídos o alambres, como solemos encontrarnos a menudo en Ecuador. Incluso han formado un sistema para pasar potreros de vacas sin tener que abrir y cerrar puertas. Y lo más insólito es que existe un impuesto local para el mantenimiento de esos senderos.
La partida se ha organizado por grupos ordenados según los tiempos promedio que calculamos demorar. Eso se establece en un cuestionario que debimos enviar semanas antes de la partida. Nosotros proyectamos un tiempo de 18km/h de promedio.
El día antes, publican las posiciones de partida. Primero, hombres UCI. Segundo, Grupo A. Tercero, mujeres UCI. Cuarto, grupo B. Así hasta el grupo O. Son diecisiete grupos a distintos horarios, y a nosotros nos comunican que partiremos en el cuarto grupo (B).¿Hemos sido demasiado optimistas con la velocidad proyectada? El peor escenario será un descenso de grupos hasta encontrar nuestro pace. El mejor, será soportar el ritmo del grupo B y fluir con ellos en los senderos y zonas estrechas.



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