Tengo fe en nuestras capacidades, en el efecto positivo de las largas horas de entrenamientos, de tantas madrugadas, de la disciplina ejercida y de saber que hemos hecho todo para transformarnos en nuestras versiones más fuertes para poder superar el Cape Epic.
He comprobado la capacidad del Nacho de soportar largos periodos de tiempo a ritmos propios de un corredor de carreras, aunque también soy consciente que le asaltan miedos y dudas, y que en muchas ocasiones limitan sus pensamientos y confianza.
Es algo normal, pues decidir correr un Cape Epic sin experiencia previa en carreras multietapas, es como saltar de cero a un millón.
Esa determinación casi ciega, sin embargo, es justo la que prueba mi teoría de que es dueño de un gen luchador.
Somos conscientes de nuestras diferencias. Desde un inicio, mi compromiso es apoyarlo, aunque también podría ser yo quien requiriera asistencia, pues en ese tipo de aventuras puede pasar de todo.


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