Cometo el error de escribir la palabra descompensación en el chat familiar, además de añadir con detalle el dolor que significó ese día. Le preocupo de más a mi mamá, quien me llama a decir que vaya más suave, que no me enferme, que puede ser peligroso, incluso insinúa que me retire. En ese rato pienso que tengo dos opciones: me sigo quejando o me pongo fuerte. Me causa gracia porque me doy cuenta que cambio de mentalidad casi por reflejo, porque de pronto, soy yo quien le convenzo a ella que no se preocupe, que así son estas carreras, y que estoy preparado para seguir, para recuperarme, que para eso entrené lo que entrené, que solo fue un mal rato, y que ese lugar es el lugar más hermoso en el que he pedaleado. Es cierto.
El reto de estas carreras es la capacidad adaptarte en zonas donde se pierde el control de la situación. Uno que está acostumbrado a tener todo medido, en cuestión de segundos o minutos, algo falla, y toca reinventarse.
De esa forma arranca mi recuperación. Decido que haré todo lo que esté en mi alcance para recuperar fuerzas. Lo primero que me pregunto es ¿Qué hice mal el día anterior? Uno, faltó más comida, por lo que ahora, cueste lo que cueste, comeré más, mucho más. Dos, los geles de la mini botella estaban fermentados. Los tiro en el desagüe, hago cálculos, y veo que tengo suficientes de los individuales para sobrevivir. Tres, me abandoné en la deriva de los pensamientos negativos.
Pablo Vallejo, mi coach y líder de BET Endurance, me escribe a dar unos tips. Ha estado pendiente cada etapa. Me envía un podcast sobre la importancia de la mentalidad en carreras de resistencia. Lleno la tina de agua helada, escucho el podcast, luego pongo música y me relajo, en verdad me relajo, masajeo mis piernas, estiro mi espalda, comienzo a preparar mi mente para lo que se vendrá el siguiente día, la etapa reina, los cien kilómetros, los dos mil ochocientos de subida, el alto pronóstico de lluvia.
Decido que la dividiré en diez segmentos, diez triunfos, uno cada diez kilómetros.
A las siete y media de la tarde, todavía con luz, cierro las cortinas y me acuesto a dormir.


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