Etapa 5 | Davos – Davos | 60km | +1800 mts subida
Luego de eso, aunque casi nos sentimos triunfantes del Swiss Epic, recordamos que al siguiente día nos espera la última etapa de sesenta kilómetros y casi dos mil metros de desnivel. Como una salida de sábado, me digo. Y arranca de nuevo la rutina de recuperación, solo que esta vez hay que secar los zapatos con el secador del hotel. Aunque podría llover de nuevo.
La última etapa arranca a las nueve de la mañana, un alivio, además sale el sol. Ya todo está hecho, solo hay que sobrevivir. Tampoco será fácil, pues sesenta kilómetros son sesenta kilómetros, y merecen su respeto, una estrategia final.
Vamos a rematar esto, dice Reyes.



Y como el primer día, él y yo vamos alineados, volando, finalmente mi cuerpo parece haberse rendido ante la mente. Un nuevo mantra del día nace en medio de las cuestas mientras veo mis piernas en una hermosa cadencia, livianas como plumas, fuertes como un lobo. No, me corrijo, fuertes como un chivo.
En la última bajada, que es una pista hecha a la perfección le veo a Reyes adelante, salta por lo alto en cada obstáculo, va gritando de la emoción. Yo lo sigo con la misma euforia. Para él tampoco ha sido fácil.
Y de pronto, la carrera termina.
Cuando hablo con mi esposa, que siempre me ha apoyado en mis retos, le digo que gozamos la carrera, y ella ríe irónicamente y me recuerda que antes de ayer no opinaba lo mismo.

La enseñanza
Sabíamos que la Swiss Epic no era una carrera para alcanzar el podio, era una carrera para terminarla y dejarlo todo. Sin embargo, aunque no era lo más importante, nos enorgullece saber que en esa edición hemos sido los primeros de todo el continente americano en llegar. Y en nuestra categoría, las más dura de todas, terminamos en puesto 36. Sin contar los primeros veintisiete que son equipos UCI, profesionales que viven de eso, terminamos en el top diez. Y eso, por supuesto, llena de orgullo.
Pero más allá de las posiciones, lo que mayor satisfacción trae en este tipo de experiencias es saber que uno lo dejó todo, hasta la última gota de sudor.
Usain Bolt dijo alguna vez que entrenó cuatro años para una carrera que duró nueve segundos. Otra frase famosa dice que en el ciclismo las cosas nunca se vuelven más fáciles, sino que uno se vuelve más rápido.
Cuando uno hace deporte competitivo el concepto del tiempo se desconfigura de manera. Como si uno entrara a un universo donde todo sucede más lento, y mientras más difícil, más larga es la sensación del paso del tiempo. La gente común no llegamos a comprender hasta que estamos ahí, y a veces es tan dramático, tan traumante que a penas concluimos, nuestro cerebro decide borrar todo el sufrimiento del subconsciente, y dejarnos con una recompensa que casi siempre contiene un alto grado de felicidad.
La gente nos mira raro porque de pronto decidimos que queremos hacerlo otra vez, queremos sucumbir de nuevo a las profundidades de nuestra resistencia, para recordar cómo es que se sentía estar ahí, y generalmente cuando volvemos a ese lugar, un pensamiento resurge entre las cenizas para gritar: ¿por qué estoy haciendo esto de nuevo?
Entonces arranca el juego más duro, el juego mental.


Deja un comentario